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Reversión del Vandalismo: Historia del Proyecto

Image of Vanalized book
Vandalized book
A principios del año 2001 el personal bibliotecario empezó a encontrar libros estropeados y destrozados escondidos entre los estantes o repartidos por toda la biblioteca Central. Los libros habían sido cortados con un instrumento afilado: las tapas y páginas interiores estaban rajadas y recortadas; en total unos 600 libros sobre gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, temas de mujeres y SIDA (HIV).

El personal bibliotecario se puso en alerta y una bibliotecaria, en su día libre, vio al autor del acto vandálico y alertó al personal de seguridad. El delincuente fue arrestado, juzgado y declarado culpable de un delito de odio. Cuando los informes sobre este delito llegaron a la prensa, el Centro recibió una lluvia de apoyos y ofertas para reemplazar los libros por parte de simpatizantes de todo el país.

Después de que el Departamento de Policía entregara los libros al Centro, el personal consideró que estaban destruidos sin posibilidad de reparación por lo que los libros se digitalizaron. El Centro consideró que los libros no podían desecharse, ya que eso indicaría que el acto delictivo se había completado.

image of books being mailed
Mailing damaged books
Jim Van Buskirk, director del Centro Hormel, inició el proceso que culminaría en el proyecto Reversión del Vandalismo después de hablar con artistas visuales locales y personal bibliotecario. Se hizo un anuncio público ofreciendo libros destruidos a artistas, miembros de la comunidad e individuos interesados. La respuesta fue rápida e intensa. El público entendió rápidamente que el acto vandálico no iba dirigido a gays y lesbianas ni tampoco libros sino que representaba un clima social en el que el temor y el odio iban en aumento. La participación llegó de Estados Unidos (más de veinte estados), Francia y Japón y el trabajo realizado abarcaba una variedad de soportes: papel, escultura, ensamblaje, textil, pintura, fotografía y un reloj en funcionamiento.

La utilización de objetos encontrados en arte tiene un historial largo y rico. Los artistas cubistas Pablo Picasso y George Braque están entre los primeros artistas modernos que usaron collage, ensamblaje o/y objetos encontrados en su obra; los surrealistas Max Ernst y Joan Miró; los alemanes Kurt Schwitters, Hannah Hoch y Joseph Beuys; los estadounidenses Joseph Cornell, Robert Rauschenberg, Betye Saar y Jay DeFeo. Los libros, o partes de ellos, aparecen en la “obra” de muchos artistas contemporáneos. “Libros modificados”, género que se refiere a los libros usados como soporte para crear obras de arte, continúa incrementando su popularidad e importancia.

La utilización del arte en respuesta al odio o la tragedia tiene también un historial impresionante. Los artistas saben intuitivamente que crear una imagen visual con cualquier soporte puede generar beneficios físicos y emocionales tanto para el autor como para los que la ven. Las respuestas de algunos artistas son caprichosas, tristes, airadas o políticas. Muchos han creado algo maravilloso a partir de los trozos de un libro destrozado. Otros han incorporado humor a la situación. Lo más impresionante es la variedad de las respuestas. A partir de básicamente la misma materia prima, los artistas han aportado una inesperada amplia gama de expresión a la hora de ganar prosélitos sobre la importancia de revertir el vandalismo.

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